Install Steam
sign in
|
language
简体中文 (Simplified Chinese)
繁體中文 (Traditional Chinese)
日本語 (Japanese)
한국어 (Korean)
ไทย (Thai)
Български (Bulgarian)
Čeština (Czech)
Dansk (Danish)
Deutsch (German)
Español - España (Spanish - Spain)
Español - Latinoamérica (Spanish - Latin America)
Ελληνικά (Greek)
Français (French)
Italiano (Italian)
Bahasa Indonesia (Indonesian)
Magyar (Hungarian)
Nederlands (Dutch)
Norsk (Norwegian)
Polski (Polish)
Português (Portuguese - Portugal)
Português - Brasil (Portuguese - Brazil)
Română (Romanian)
Русский (Russian)
Suomi (Finnish)
Svenska (Swedish)
Türkçe (Turkish)
Tiếng Việt (Vietnamese)
Українська (Ukrainian)
Report a translation problem

Quito, Pichincha, Ecuador



Con cada teamfight, cada gank y cada Roshan robado, afina su arte, buscando la entonación perfecta, esa frecuencia celestial que derrite corazones y nubla juicios. Su objetivo no es solo la victoria, sino la seducción absoluta, envolviendo a sus enemigos en un trance de deseo y confusión.
Algunos dicen que su gemido tiene ecos bíblicos, un sonido divino que desarma hasta al jugador más rudo. Otros creen que es un susurro del mismísimo Gaben, una bendición convertida en maldición.
Pero solo una cosa es segura: cuando escuchas su voz en el chat de proximidad... ya es demasiado tarde