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Spain
entre mis hebras como un niño en el trigo,
cuando mi sombra era espesa y digna,
y no esta luna pálida que el mundo castiga.
Pero un día el peine empezó a mentir,
trazando surcos en mi cuero vivo.
Cada mañana, el lavabo un cementerio:
hebras oscuras sobre el mármol frío.
Me alejé de los bares, de las fotos,
de las manos que antes me buscaban.
Los amigos dejaron de nombrarme,
—"¿Para qué invitar a un fantasma?"—
Ahora mi vida es un cuarto cerrado,
donde los gorros cuelgan como ahorcados.
El sol se burla tras la ventana:
—"Aquí solo entra quien tiene coronas"—.
Y yo, Calvicio, el rey sin reino,
acuno la última horquilla oxidada,
mientras repito en voz baja al espejo:
—"No es calvicie… es la tierra que me reclama"—.
Calvicio