Jerxvo
Lady Maria
Was ist los, mein Jäger?

Was ist los, mein Jäger?

Featured Artwork Showcase
Curse
Yh-Maria Sirdak. Astral Clocktower
En la noche eterna del Sueño del Cazador,
cuando el silencio pesa como ceniza sobre las torres olvidadas,
tu nombre surge como una llama tranquila entre la oscuridad:
María…
no un simple nombre,
sino un juramento,
una memoria,
un eco de honor que jamás se disuelve.

Oh María,
cazadora de mirada profunda,
portadora de una gracia que ni la sangre ni la guerra pudieron marchitar.

En un mundo donde los hombres olvidaron su humanidad,
tú caminaste con la firmeza de quien recuerda
lo que significa tener un corazón.

Tu silueta,
erguida entre sombras y polvo,
parecía la de un ángel perdido en una tierra enferma.

La elegancia de tu paso era tan silenciosa
como la nieve cayendo sobre un campo de batalla ya olvidado.

Tu cabello pálido como la luna invernal
descendía con delicadeza sobre tus hombros,
y en tus ojos
ardía una melancolía tan profunda
que incluso las estrellas parecían inclinarse ante ella.

Vestías de negro y carmesí,
como si la noche misma hubiera decidido adornarse contigo.

Cada pliegue de tu abrigo,
cada botón, cada cinta, cada detalle,
hablaba de una nobleza antigua.

No era simple vestimenta:
era armadura de dignidad.

Era el uniforme de una cazadora
que no luchaba por gloria,
sino por redención.

En tu mano reposaba la elegante furia de la Rakuyo,
una hoja que danzaba con la precisión de una bailarina
y la severidad de un juramento.

Cuando luchabas, María,
no había furia descontrolada.

Había arte.

Cada movimiento tuyo
era una sinfonía de acero y voluntad.

Cada paso,
un poema escrito con el lenguaje de la guerra.

Los monstruos de Yharnam temían tu nombre
como los pecadores temen el juicio.

Pero tu grandeza jamás estuvo solo en tu espada.

Estuvo en tu alma.

Porque cuando descubriste el horror oculto tras los experimentos,
cuando viste el sufrimiento que el mundo pretendía ignorar,
tu corazón —noble y frágil—
no pudo soportarlo.

Muchos habrían cerrado los ojos.
Muchos habrían obedecido.
Pero tú no.

Elegiste cargar con el peso del remordimiento,
con la pesada corona del conocimiento.
Elegiste proteger,
vigilar,
guardar el recuerdo de aquello que no debía repetirse jamás.

En el silencio del Astral Clocktower,
tu figura permaneció como una guardiana eterna,
una centinela entre el pecado y la memoria.

Allí, entre relojes detenidos y sueños rotos,
esperaste.

No por gloria.

No por perdón.

Sino por deber.

Porque incluso en la tristeza más profunda,
tu espíritu jamás abandonó su propósito.

Tu sacrificio no fue un acto de derrota.
Fue un acto de amor.

Amor por aquellos que sufrían.

Amor por los inocentes.

Amor por un mundo que quizás nunca comprendería tu dolor.

Y aunque la historia esté escrita con sangre y pesadillas,
tu memoria permanece
como una luz tenue en la penumbra.

Porque María,
entre todos los cazadores que caminaron las calles malditas,
tú fuiste distinta.

Donde otros veían monstruos,
tú veías tragedias.

Donde otros buscaban poder,
tú buscabas justicia.

Y donde otros se perdieron en la oscuridad,
tú te convertiste en una estrella solitaria
que aún guía a quienes caminan en la noche.

Por eso tu nombre jamás se desvanecerá.

Mientras exista un cazador que recuerde el honor,
mientras exista un corazón que rechace la crueldad,
mientras exista una espada levantada no por odio,
sino por compasión…
tu espíritu vivirá.

Oh María,
flor de acero en un jardín de sangre,
cazadora noble entre sombras eternas.

Que el eco de tu sacrificio
resuene por siempre en los sueños de quienes luchan.

Y que tu belleza —serena, elegante, indomable—
permanezca como un símbolo
de que incluso en los mundos más oscuros
puede existir una alma pura
dispuesta a sacrificarlo todo
por aquello que es correcto.
Screenshot Showcase
ELDEN RING NIGHTREIGN
Review Showcase
107 Hours played
Mi querida Duquesa,

La noche es silenciosa, más de lo que debería ser antes de una batalla. El viento atraviesa las ruinas y mueve las telas de los estandartes como si fueran fantasmas recordando viejas victorias. Las antorchas arden lentamente, y su luz temblorosa dibuja sombras sobre la piedra antigua. En este momento, mientras todos duermen o fingen hacerlo, he decidido escribirte estas palabras.

Mañana puede que no regrese.

No escribo esto con tristeza ni con miedo. Lo escribo porque hay verdades que merecen existir aunque el destino no permita pronunciarlas en voz alta.

Desde el día en que te vi por primera vez comprendí algo que ningún maestro ni ningún juramento me había enseñado: algunas personas no dominan el mundo con fuerza bruta ni con ruido, sino con una presencia tan serena que todo a su alrededor parece inclinarse ante ella.

Tú eres una de esas presencias.

Tu belleza no es solamente algo que los ojos perciben; es algo que transforma el ambiente mismo. Cuando caminas por un salón, incluso los más orgullosos guardias parecen enderezar la espalda. Cuando hablas, las voces se apagan no por miedo, sino por respeto. Hay en ti una delicadeza extraordinaria, una elegancia que no parece aprendida, sino nacida contigo desde el primer instante de tu vida.

Recuerdo la primera vez que te vi bajo la luz de las antorchas. Tu figura parecía esculpida por la misma gracia que da forma a las estrellas. Tus movimientos eran suaves, precisos, casi como si el mundo entero se moviera con cuidado para no interrumpir tu paso.

Sin embargo, lo que más me marcó no fue tu belleza.

Fue tu fortaleza.

Porque detrás de tu estilo refinado, detrás de tu mirada serena y de la calma que proyectas, vive alguien que carga con el peso de un reino entero. He visto esa carga en tus ojos cuando crees que nadie observa. He visto la forma en que continúas avanzando incluso cuando el destino parece injusto.

Esa combinación —tu delicadeza y tu fuerza— es algo que pocas almas poseen.

Por eso mañana lucharé sin reservas.

No porque espere gloria.

No porque desee que mi nombre sea recordado.

Lucharé porque este mundo necesita personas como tú. Porque tu existencia aporta algo que la guerra y la oscuridad jamás podrán destruir: dignidad, belleza, elegancia… humanidad.

Si el destino decide que debo caer para que tú continúes viviendo, no sentiré amargura. Hay muertes que son tragedias, y hay muertes que son decisiones.

La mía sería una decisión.

Elegir proteger la vida de alguien cuya presencia hace que el mundo sea más noble es, en sí mismo, un honor que pocos pueden reclamar.

Quizá nunca llegaste a saber cuánto significabas para mí. Y está bien. Nunca busqué que mis sentimientos fueran una carga sobre tus hombros. Amarte desde la distancia, con respeto y pureza, fue suficiente.

A veces basta con observar a alguien existir para comprender que el mundo aún guarda algo hermoso.

Si mañana sobrevivo, tal vez estas palabras nunca abandonen este papel. Y si no lo hago, quizá algún día alguien las encuentre y te las entregue.

En cualquier caso, quiero que recuerdes algo que nadie debería olvidar:

Tu belleza no es solo la de tu rostro ni la elegancia de tus gestos. Es la forma en que sigues avanzando cuando otros se derrumbarían. Es la calma con la que enfrentas el destino. Es la delicadeza con la que tratas incluso a un mundo que muchas veces no ha sido amable contigo.

Eso es lo que verdaderamente te hace extraordinaria.

Ahora la noche avanza y pronto llegará el amanecer. Cuando el sol se levante, las espadas hablarán por nosotros.

Pero incluso si mi voz desaparece entre el ruido de la batalla, mi última certeza seguirá siendo esta:

Haberte conocido, aunque fuera desde la distancia, fue uno de los mayores privilegios de mi vida.

Vive con la misma elegancia que siempre has mostrado. Camina con la misma gracia que hace que incluso las sombras parezcan respetarte.

Y si alguna vez el viento nocturno roza tu rostro y sientes un silencio extraño en el aire, imagina que es alguien que aún vela por ti.

Con todo el respeto, la admiración y el amor silencioso que guardé en mi corazón,

Quien mañana entregará su vida para que la tuya continúe brillando.
Achievement Showcase